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Reflexiones desde el Cursillo

Escrito por  Jul 03, 2010

Ambición

Nayú Alé de Leyton.

(Elesiastés 1 – 1,7) “Vanidad de vanidades, todo es vanidad. ¿Qué provecho saca el hombre de todo cuanto se afana debajo del sol?.

Pasa una generación y viene otra pero la tierra permanece para siempre.

Levántase el sol, se pone y corre con el afán de llegar a su lugar, de donde vuelve a levantarse.  Los ríos van todos al mar y el mar no se llena, allá de donde vinieron tornan de nuevo para volver a correr”.

Esta lectura nos debe llevar a una profunda reflexión. ¿Qué buscamos cada día, cada momento de nuestra vida?,¿Cuál nuestro afán debajo del sol?.

Corremos presurosos, preocupados, como el sol que se pone en el horizonte y corre, hasta llegar de nuevo al lugar donde nació.

Corremos en la vida con tanto afán buscando tantas cosas, buscando con ansiedad, con diligencia lo que creemos que nos hará felices y no vemos obstáculos; muchas veces engañamos, mentimos.

La humanidad ha cambiado su rumbo y ha buscado caminos equivocados, caminos que nos conducen a conseguir lo que ambicionamos, “eso” que nos hará felices, disfrutar de los placeres que nos dará el dinero y para esto caminamos por esos senderos de la corrupción, el engaño, la estafa.

Ya nadie se conforma con lo que tiene, sea poco o sea mucho.  Todos quieren más.

¿Por qué no aplicamos esa ambición o ese deseo al plano moral y espiritual?, ¿Por qué no buscamos mayor educación, mayor respeto, mayor consideración hacia los otros?  Porque hemos dado un vuelco a la escala de valores.

Ahora es más importante tener riquezas, prestigio y poder, que ser una persona respetable, con valores morales; o sea, vale más el tener que el ser.

Por esto hoy se ha perdido la vergüenza, el pudor, hoy nadie se sonroja; hoy es apreciado el que tiene mucho no importa como, con robos, con droga, con estafas, como sea, pero esa persona rica tiene mayor cantidad de “amigos” y es admirado por todos.

Por eso, porque se cambiaron los valores, hay crisis de educación, crisis de respeto, crisis de honestidad, crisis de responsabilidad y de todos los valores morales que fueron siempre los cimientos de la familia y de la sociedad.

Por eso, hoy buscamos, luchamos, nos afanamos para conseguir nuestra “felicidad” a través del dinero; siendo una gran verdad de que solo podrán ser felices los que busquen el reino de Dios y su justicia, porque todo lo demás, El nos lo dará por añadidura.

¿Y qué significa buscar el reino y su justicia?.

Es tan sencillo, es solo caminar por los caminos que nos trazó Jesús con sus palabras y con su vida.

Ser justos, vivir en su presencia, amar.

Amar significa no engañar, no mentir, no ser infieles, no robar, no hacer daño; sino al contrario, ser solidario y tratar a los otros como quisiera que me traten a mi.

Así viviremos en paz, con nosotros mismos y con los demás.  Así aprenderemos a valorar y a disfrutar de lo que somos y de lo que tenemos, así recibiremos las espléndidas añadiduras del Señor, de paz, de armonía, salud y también nos añadirá regalos en lo material.

Que nuestro afán debajo del sol, sea buscar al Señor cada día, vivir bajo su sombra.

Tenemos que pensar que nuestra vida es corta, solo pasamos por el mundo, nos dice la palabra de Dios:

“Pasa una generación y viene otra”. También nos compara con las flores y la hierba del campo que florecen al amanecer y se marchitan al terminar el día.

Pero nosotros somos como el mar que recibe el agua de los ríos y no se llena,  Así es nuestra ambición que aunque tengamos más, igual no nos llenamos, queremos más.

Nosotros vamos a terminar nuestro recorrido y vendrán otras generaciones y luego otras y así sucesivamente, las aguas, el sol, el viento, seguirán su curso siempre, pero nosotros somos peregrinos y debemos buscar de ganar un lugar en el reino donde nuestra estancia será definitiva.

Por eso, debemos abandonar esa vanidad de vanidades.

Que estas palabras de la Biblia resuenen en nuestro interior:

“¿Qué provecho saca el hombre de todo cuanto se afana debajo del sol?”