Disparar al mensajero

Escrito por  Sep 19, 2010

Humberto Vacaflor Ganam

En cinco países sudamericanos se presentan casos de gobiernos que quieren reducir la libertad de expresión, aunque con estilos diferentes. En Venezuela, con estilo de dictador caribeño, Hugo Chávez cierra canales de Tv con cualquier argumento, aunque generalmente dice que se trata de medios que faltan el respeto a la autoridad.

 

En Ecuador el gobierno de Rafael Correa tiene preferencia por castigar a quienes critican su gestión económica, con lo que ponen en duda el origen de su Phd en economía obtenido en una universidad de Estados Unidos. Un amigo quiteño, que cometió ese "delito", está a punto de entrar a la cárcel.

En Brasil, el gobierno del presidente Lula da Silva está reduciendo la libertad de expresión, aunque con un estilo suave y deshuesado (la idea es de Unamuno), como corresponde a quienes hablan portugués.

En Argentina, los esposos Kirchner han decidido atacar a Clarín, que en este caso es sinónimo de periodismo y de libertad de expresión.

En Bolivia el método es capitalista. Consiste en comprar medios con recursos propios o de amigos –nacionales o extranjeros- y para los que no están en venta se busca otras soluciones.

Lo que tienen en común estos cinco países es que están regidos por gobiernos con un fuerte apoyo electoral. Tienen líderes carismáticos y autoritarios.

Por lo tanto, si los votos se concentran en esos líderes, la oposición es casi huérfana de votos. En realidad son países donde no hay oposición.

No hay políticos que enumeren los errores o desaciertos o delitos que cometen esos gobiernos. La función de los líderes políticos es hacer esas enumeraciones, si fuera posible todos los días, y ofrecerse como alternativa.

Es en ese vacío de voces y críticas opositoras que resuenan más fuerte las observaciones que puedan hacer los medios de comunicación, ya sea como tales o difundiendo opiniones de columnistas, analistas y observadores de la realidad.

Por lo tanto, los líderes carismáticos y autoritarios optan por estrellarse contra los periodistas, columnistas o analistas que enumeran los errores de la gestión. Disparan contra estos mensajeros de la realidad, o tratan, como ahora en Bolivia, de reducir la libertad de expresión para acallarlos y sacarlos de circulación.

El exceso de liquidez que tiene el gobierno boliviano ha hecho posible que sus amigos compren un diario paceño sólo para barrer de sus páginas a los columnistas. Una inversión de 30 millones de dólares fue necesaria para que se aplique este barrido.

Todos estos gobiernos cometen un error elemental. Creen que rompiendo el espejo van a modificar la realidad. O, como dicen de Chávez: cree que para acabar con la fiebre de una persona hay que romper el termómetro.

Es la realidad que ellos van construyendo con sus medidas la que debe ser cambiada. Cuando lo hagan, el reflejo, del que se ocupa el periodismo, ha de cambiar de inmediato. No es inteligente disparar contra el mensajero.

La caída de popularidad del presidente Evo Morales se produjo ahora, cuando tiene en sus manos la mayor concentración de medios de comunicación propios o aliados que haya tenido gobierno alguno en Bolivia. Es la prueba de que los medios sólo reflejan la realidad; no la cambian.