¿Puerto Rico es la “Grecia” de los Estados Unidos?

Escrito por  Alejandro Zegada/ El País eN Ago 02, 2015

De un continente a otro, las crisis de deuda siguen sumando en el mundo. Puerto Rico  es la más reciente víctima de esta situación, pero es desde hace ya casi 10 años que la isla está siendo aplastada por su deuda, que ha alcanzado superar los 72 mil millones de dólares, lo que equivale a más del 100% de su producto interno bruto (PIB).

El crecimiento del desempleo en Puerto Rico, cuya tasa ha alcanzado ya el 14%, también resulta alarmante. Y ante las oscuras perspectivas de la economía, existe un éxodo migratorio de 50 mil personas por año, a tal punto que actualmente hay más puertorriqueños viviendo en EEUU que en la propia isla: 5 millones en EEUU versus 3.5 millones de en Puerto Rico.
En este contexto, el gobernador de Puerto Rico, Alejandro García Padilla, ha reconocido que la deuda de la isla es “impagable”, y el Jefe de Gabinete del Gobernador, Víctor Suárez, anunció que Puerto Rico carece de suficiente flujo de caja para cumplir con su próximo pago de 93.7 millones de dólares a la Corporación para el Financiamiento Público de Puerto Rico.

Solución: más austeridad
En los últimos meses las autoridades puertorriqueñas han pedido una reestructuración de la deuda, pero al igual que los griegos se han encontrado con respuestas negativas.
Detrás de la negativa se encuentran los intereses económicos de poderosos acreedores de Puerto Rico: los fondos de inversiones, o más propiamente, fondos de cobertura, como Franklin Templeton, OppenheimerFunds, y otros. De hecho, 34 fondos de cobertura exigen a Puerto Rico que despida maestros, cierre escuelas y reduzca drásticamente el gasto en educación.
Los fondos de cobertura han acusado a la isla, donde el 56% de los niños viven en la pobreza, de “gastar demasiado en educación”, a pesar de que el Gobierno ya ha cerrado casi cien escuelas en lo que va del año.
Entre 2006 y 2013, la isla emitió más de 60.000 millones de dólares en bonos, en poder de estos acreedores, que a su vez generaron cerca de 1.500 millones de dólares en honorarios para los banqueros de Wall Street.
Para el economista mexicano Ariel Noyola, a Puerto Rico “de poco le ha valido la ‘fraternidad’ del gobierno estadounidense, más dispuesto a salvaguardar las ganancias de los banqueros que a apoyar el alivio de la deuda y la recuperación económica en sus municipios y colonias más castigadas por la crisis”.

La camisa de fuerza
estadounidense
Si bien los casos de Grecia y Puerto Rico son obviamente diferentes, ambos comparten el hecho de que carecen verdaderamente de la autonomía necesaria para buscar y aplicar sus propias soluciones.
Según la Constitución de Puerto Rico, la isla se designa a sí misma con el término de “Estado Libre Asociado” a EEUU o “Commonwealth”, y sus residentes tienen un nivel de autonomía administrativa similar a los ciudadanos de un estado cualquiera de EEUU. Esta Constitución, aprobada por el Congreso de EEUU, entró en efecto en 1952.
Asimismo, al igual que los demás estados de EEUU, Puerto Rico carece de “la independencia absoluta propia de una nación independiente”, pues por ejemplo, la autoridad para manejar sus “relaciones internacionales con otras naciones”, la retiene el Gobierno Federal de EEUU.
La Constitución puertorriqueña también establece que la isla está sujeta a la autoridad plenaria del Congreso de EEUU, y la ley federal se aplica a Puerto Rico a pesar de que Puerto Rico no es un estado de la Unión Americana y sus residentes no tienen representación con voto en el Congreso de los Estados Unidos.

La deuda puertorriqueña

 Más allá de la importancia del turismo, la economía de Puerto Rico estaba basada en gran medida en la actividad manufacturera, sobre todo de la industria farmacéutica. Pero desde mediados de la década de 1960, los países asiáticos y del Este de Europa superaron a la isla en términos de productividad laboral y desarrollo científico.
A partir de 1976, EEUU implementó leyes para aumentar la rentabilidad de las empresas estadounidenses, con las que las transnacionales instaladas en Puerto Rico estuvieron exentas de pagar impuestos sobre sus beneficios económicos.
Para el economista mexicano Ariel Noyola, esta fue la situación que “marcó el principio” de la debilidad fiscal puertorriqueña.
Sin embargo, fue a partir de la década de los 1990 que se terminó por socavar la manufactura del país: “El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) precipitó la salida masiva de capitales hacia México y Canadá”, porque otorgaban aun mayor “disminución de impuestos, estancamiento de los salarios, desregulación ambiental”, detalla Noyola.
A principios de este siglo, la isla atravesó por una grave crisis inmobiliaria producto de la desregulación estatal (dictada por EEUU y acatada constitucionalmente), y su competitividad productiva terminó de ser hundida en gran medida gracias a la incorporación de China a la Organización Mundial de Comercio (OMC) en 2001.
Para el año 2006, ante la fuerte desaceleración del crecimiento del PIB, el gobierno de Puerto Rico se decidió finalmente a eliminar el sistema de exenciones fiscales, pero la medida tuvo efectos peores: el cierre de empresas y el aumento de la emigración hacia EEUU.
Entonces, el gobierno incluso buscó aumentar los impuestos, disminuir el gasto público y aumentar las emisiones de bonos, medidas que “sólo contribuyeron a aumentar la deuda, socavar la economía y contraer aún más los recursos a disposición del gobierno”, destaca Noyola.