Tragedia en Año Nuevo

Ene 05, 2016

Cada vez que se acerca la celebración de la festividad de San Juan, la noche del 23 de junio y la madrugada del 24, los gobiernos municipales, e incluso las gobernaciones departamentales, aprueban una serie de medidas legales que prohíben el encendido de fogatas y la venta y el uso de los fuegos artificiales, artefactos explosivos altamente peligrosos para la seguridad de las personas y contaminadores del medio ambiente.
Cuántas veces hemos sido ingratamente sorprendidos por accidentes protagonizados por algunas personas, la mayoría niños, que han sufrido la pérdida de sus dedos e incluso de una de sus manos producto del mal manejo y la potencia explosiva de los fuegos artificiales.
No obstante, pareciera que esas medidas de prevención sólo fueron diseñadas para San Juan, ya que a la luz de la tragedia ocurrida la madrugada de este 1 de enero de 2016 en La Paz, es pertinente señalar que las autoridades encargadas de fiscalizar y regular la importación y la venta de esos peligrosos artefactos explosivos se durmieron en sus laureles.
No otra cosa significa que, según las versiones conocidas, una chispa de la explosión de un fuego artificial desató el infierno en la calle Uyustus, una de las arterias paceñas de mayor expendio de todo tipo de mercaderías de consumo masivo, afectó a más de 100 puestos de venta y a tres viviendas, aunque no provocó daños personales.


Electrodomésticos, computadoras, zapatos, ropa importada y nacional, y celulares, entre otros, fueron pasto de las llamas y provocaron no sólo millonarias pérdidas a sus dueños sino que desnudaron las limitadas condiciones en las que cumplen su trabajo los efectivos de la Unidad de Bomberos Antofagasta de la ciudad sede de gobierno.
Un almacén de mercaderías de la calle Illampu también fue devorado por el fuego, en medio de un espectáculo dantesco que pudo haber sido evitado, además de una vivienda en la calle Haití, en el barrio de Miraflores, ardió producto de un incendio provocado por una vela que sus propietarios dejaron encendida al pie de un árbol de Navidad.
En ese sentido, cerca del mediodía de este 1 de enero, el olor a quemado todavía podía ser percibido al menos desde tres o cuatro cuadras antes de llegar al lugar del siniestro y, a lo largo del recorrido, se podían ver esparcidos por el suelo todo tipo de objetos chamuscados que aún desprendían humo negro, mientras los comerciantes afectados –con el rostro bañado en lágrimas– sólo atinaban a clamar ayuda por parte del gobierno, ya que, en todos los casos, perdieron el trabajo de toda una vida.
Ahora bien, ¿quién o quiénes son los responsables de la tragedia ocurrida en Año Nuevo? ¿Quién o quiénes se harán cargo de las millonarias pérdidas que causaron las llamas? ¿Sólo en San Juan se debe cuidar el medio ambiente o es que en las fiestas de Navidad y Año Nuevo los juegos pirotécnicos no contaminan el medio ambiente y no son peligrosos?
Además, ¿acaso no es función de los gobiernos municipales, en este caso de la Alcaldía de La Paz, regular e incluso prohibir la venta de esos productos explosivos altamente inflamables y peligrosos? Son muchas preguntas que necesitan urgentes respuestas.
Según el testimonio de varios bomberos, su trabajo se vio dificultado por la falta de acceso al lugar del siniestro, la falta de hidrantes para reabastecer de agua los carros bomberos, la ausencia de extinguidores en los puestos de venta, no sólo en los devorados por las llamas, y la nula previsión de los comerciantes para enfrentar este tipo de desastres.
En ese contexto, se torna urgente que el gobierno, a través de sus instancias pertinentes, endurezca o en su caso prohíba la importación y comercialización de los juegos pirotécnicos por su demostrada peligrosidad para la seguridad de las personas y del medio ambiente.
Pero una vez consumada la tragedia, concerniría establecer el costo de los daños materiales, acordar nuevos plazos para los pagos de los créditos bancarios, crear un fondo de apoyo económico a las víctimas e identificar –será la tarea más difícil– y sancionar a quienes originaron los incendios que marcaron con fuego el inicio del año nuevo de los paceños.