La coca vs. Ley Transnacional del tráfico de drogas de EEUU

Escrito por  ALEJANDRO ZEGADA/EL PAÍS eN Jun 26, 2016

La recientemente puesta en vigencia de la Ley transnacional de tráfico de drogas, de EEUU, “viola la soberanía nacional y conculca los derechos del pueblo boliviano”, según denuncia el docente e investigador del Instituto de Estudios Sociales y Económicos (IESE) de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS), Karl Hoffmann.

La citada Ley vuelve ilegal la “fabricación o distribución” de sustancias controladas de clasificación I y II. Según las leyes norteamericanas, las hojas de coca son consideradas una sustancia controlada de clasificación II, por lo que bajo la nueva Ley, un productor que venda sus hojas de coca a un narcotraficante, puede ser considerado parte del circuito del narcotráfico y ser sancionable en EEUU.
La senadora promotora de la ley, Dianne Feinstein (demócrata), celebró la puesta en vigencia de la nueva norma que, según dice, otorgará a Washington “las herramientas que necesita para perseguir agresivamente y procesar a quienes trafican con drogas fuera de Estados Unidos”.
Por su parte, Hoffmann -quien fue director del Programa de Apoyo al Desarrollo Alternativo del Chapare  entre 1999 y 2006, además de haber sido Asesor  al Programa de Apoyo al Control Social de la Producción de Hoja de Coca, y al Viceministerio de Defensa Social y Sustancias Controladas desde un Programa de la Unión Europea (2008-2011)- dice que “no es casual el intento de EEUU de pretender encontrar a los culpables del tráfico interno de drogas fuera de sus fronteras”.
Agrega además que desde la década de1980, los sucesivos gobiernos bolivianos, “fieles a la política antidroga norteamericana y al mandato de la guerra contra las drogas”, militarizaron no solamente la interdicción al narcotráfico, sino que las fuerzas represivas se enfocaron en un tenaz combate al cultivo de hojas de coca.
El investigador del IESE-UMSS recuerda también que la hoja de coca fue penalizada internacionalmente “mucho después de que su consumo tradicional se hiciera masivo y cotidiano en los pueblos andinos dentro las áreas rurales y las minas”, en 1961, cuando Naciones Unidas (ONU) la clasificó dentro de la lista de “drogas” prohibidas, desconociendo que su cultivo fue una práctica ancestral de los pueblos americanos.

El consumo, los
excedentes y su importancia
Según el informe de la Oficina de Naciones Unidas sobre las Drogas y el Crimen (UNODC, 2015) y el Estado Plurinacional de Bolivia  “Monitoreo de Cultivos de Coca 2014”, el consumo tradicional de Bolivia, puede deducirse calculando la cantidad de hojas de coca que ingresan en los mercados primarios para su comercialización legal, cifra estimada en 19.797 toneladas métricas (TN) en dicho informe.
Coincidentemente, el estudio de la demanda legal de hoja de coca de la Unión Europea (que nunca fue publicado por el gobierno), estima el consumo legal en 20.000 TM, que transformándolas a hectáreas (ha), significan las 12.000 ha “legales” de los  Yungas (considerando un rendimiento medio de 1.2 TM/ha, haciendo un total de 14,400 TM) más unas 2.240 ha de las zonas excedentarias (considerando un rendimiento de 2.5 TM para hacer un total de 5.600 TM).
Por lo tanto, los cultivos para satisfacer la demanda para el consumo legal no deberían sobrepasar las 14.240 ha.
Según el informe de UNODC, para 2014 el número de hectáreas cultivadas de coca fue de 20.100, significativamente menor a las 31.000 ha de 2010, pero todavía muy superior a las 14.240 ha destinadas al consumo legal.
Hoffman estima que el valor bruto de la producción de coca el 2010 había alcanzado 325 millones de dólares, considerando las 31.000 hectáreas de cultivos y un volumen de producción de 54.700 TM. Así, la coca aportaba ese año al PIB con el 1.9% y al PIB agrícola con el 14%.

Hay un privilegio inédito para una casta agrícola

Según el investigador, limitar el cultivo de coca a una determinada extensión, que teóricamente estaría destinada sólo al consumo tradicional, distorsiona “totalmente las condiciones del libre mercado de la hoja de coca, porque quién tiene capacidad de compra a cualquier precio no es precisamente el consumidor del campo y de las minas, al que se segrega y por lo tanto su consumo se torna prohibitivo”.
Además, afirma, la categorización de zonas “tradicionales” ha creado con el tiempo “una suerte de privilegio inédito para una casta agrícola, una odiosa diferencia entre agricultores catalogados como tradicionales y el resto de la población agrícola discriminada, prohibida de sembrar coca y económicamente relegada”.
Fue la Ley 1008 la que, según el experto, “convirtió a los productores establecidos en las zonas tradicionales en una elite privilegiada, favorecida para producir de manera exclusiva hojas de coca sin ningún tipo de competencia, y con dos tipos muy diferenciados de consumidores”.
“Entonces se ha construido un sector que produce exclusivamente -a la par de un oligopolio- un cultivo vetado para el resto de la sociedad agraria, con una demanda cada vez más creciente, que ante la imposibilidad de incrementar la oferta por las propias restricciones internas, provoca la subida de precios de manera constante y permanente, en beneficio del sector y en desmedro de los consumidores tradicionales, impedidos de pagar los altos precios que puede fácilmente asumir la informalidad”, agrega Hoffmann.
Es por todo esto que el gobierno boliviano debe “nacionalizar la lucha contra el narcotráfico” sin criminalizar a quienes cultivan la hoja de coca “para sobrevivir”.