Cepal: la inclusión financiera debe ser un bien público

Escrito por  ALEJANDRO ZEGADA/EL PAÍS eN Ago 07, 2016

“El nivel de inclusión financiera de los hogares de América Latina y el Caribe se sitúa por debajo de  los estándares de los países desarrollados y en desarrollo. El sector productivo,

a su vez, sufre las mismas desigualdades que caracterizan a este sector en otras regiones del mundo en desarrollo”, advierte un reciente informe de la Comisión Económica Para América Latina (Cepal).
Según la CAF (Banco de desarrollo de América Latina), en promedio, menos de la mitad (45,8%) de los adultos mayores de 15 años de la región posee al menos una cuenta en alguna institución financiera, lo que implica que alrededor de 185 millones de personas siguen sin tener acceso a los servicios financieros formales en Latinoamérica.
Este nivel de acceso es inferior al promedio mundial (61%) y se sitúa considerablemente por debajo del registrado en regiones desarrolladas como América del Norte y Europa Occidental (ambas presentan un 93,3%, aproximadamente) y en la mayor parte de las regiones en desarrollo, incluidas Asia Oriental y el Pacífico (71,6%), Europa Oriental y Asia Central (58,2%) y Oriente Medio y el Norte de África (52,8%).
El informe de la Cepal, titulado “La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y los desafíos del financiamiento para el desarrollo” (presentado en julio de 2016), afirma que “la inclusividad es un requisito para que los sistemas financieros sean funcionales a un desarrollo económico y social sostenible. En los sistemas no inclusivos, las empresas pequeñas y los individuos de menores ingresos no logran acceder a los servicios financieros. Además, los sistemas no inclusivos muestran importantes brechas de género en el acceso y uso del sistema financiero”.
Por el contrario, un sistema financiero inclusivo brinda servicios a quienes carecen de acceso a los servicios financieros formales, y por tanto contribuye “a la reducción de la pobreza y de la desigualdad y a cerrar las brechas de género del acceso al sistema financiero”.
La Cepal considera que lograr una mayor inclusión financiera requiere canalizar los recursos hacia el sector productivo y los objetivos de desarrollo.
Para ello, “la innovación financiera debería conceptualizarse como un bien público en un sentido más amplio, donde las posibilidades de consumo del individuo no dependerán de lo consumido por otros, como es el caso de los bienes privados, cuya naturaleza viene definida por la posibilidad de que disminuya la disponibilidad y el  consumo se vea limitado”.
En este sentido, “los bienes públicos no son algo que provea ningún mercado”, y que “la inclusión financiera también debería considerarse un bien público, al igual que en el caso de la salud y la educación, dado que la exclusión no es deseable ni se justifica”, destaca la Cepal.
Por ello, el informe indica que los bancos de desarrollo deben desempeñar un importante papel en la generación de innovación orientada al financiamiento, tanto de forma directa como a través de la articulación con otros bancos.
La organización recomienda que en el contexto de América Latina y el Caribe, se desarrolle “una gama de instrumentos diseñados para hacer frente a la heterogeneidad productiva que caracteriza a la región”, tanto para abordar necesidades ya existentes como para “garantizar la inclusión de las pymes, cerrar la brecha de la infraestructura”.

Heterogéneo acceso
financiero
El informe de la Cepal observa que también existe un elevado grado de heterogeneidad entre países en lo que se refiere al acceso financiero.
En un extremo están países como el Brasil, Costa Rica y Chile, que tienen niveles de acceso de la población adulta que superan el 63%. En el otro extremo, países como Nicaragua y Haití tienen niveles de inclusión financiera de la población adulta no sobrepasan el 20%.
“Además de ser comparativamente bajos, los niveles de acceso financiero de América Latina y el Caribe son altamente desiguales”, pues en todos los países de la región el porcentaje de los individuos que posee una cuenta “es considerablemente más alto en el estrato del 60% superior de los ingresos que en el estrato correspondiente al 40% inferior de los ingresos”.
Así, “la proporción de adultos que tienen acceso al sistema forma es 1,5 veces mayor en los estratos correspondientes al 60% superior de los ingresos que en los estratos correspondientes al 40% inferior de los ingresos. La única región que supera esta diferencia es el África Subsahariana, con una razón de 1,9”, agrega el informe de la Cepal.
La desigualdad de acceso también afecta de manera desfavorable a las mujeres con relación a los hombres. Según el Banco Mundial, a nivel de América Latina el 35% de las mujeres accede al sistema financiero, versus el 44% en el caso de los hombres. Esta brecha también se refiere al uso del sistema financiero.
El sector productivo también presenta bajos niveles de acceso al sistema financiero formal en el caso de las pequeñas y medianas empresas (pymes) y una amplia desigualdad entre los niveles de acceso de las pequeñas empresas y de las grandes.
“Los datos disponibles muestran que, en promedio, en América Latina y el Caribe poco más del 45% de las empresas pequeñas pueden acceder a créditos de instituciones financieras formales”, dice la Cepal, y agrega que “el reducido nivel de acceso de las empresas pequeñas contrasta con el nivel de acceso de las grandes”, de 67,8%, “lo que implica que el nivel de acceso de las grandes empresas equivale a 1,5 veces el de las pequeñas”.