Mientras Bolivia, pese a su retórica, sigue anclada al uso un indicador estrictamente economicista como es el PIB, el pequeño reino de Bután (en la cordillera del Himalaya, sin salida al mar) lleva años basando su política y modelo de desarrollo en la Felicidad Interior Bruta (FIB), y ha logrado convertir este concepto en un indicador funcional y útil en lo práctico.