El MAS busca un plan B

Escrito por  Miguel V. de Torres/La Mano del Moto Feb 18, 2018

El MAS trabaja en un plan B. Un plan que incluye el relevo de Evo Morales y no solo el del Vicepresidente Álvaro García Linera que las bases del partido dan por amortizado y él mismo ha expresado su intención de no concurrir a las ánforas en 2019 y que Morales no quiere.
Bolivia, por su enclaustramiento y los escasos avances en su diversificación industrial, sigue dependiendo de los contratos de exportación de gas natural en bruto a Brasil y Argentina. La minería, primer rubro exportador de nuevo en 2017, apenas deja recursos para el Estado.

En consecuencia, Bolivia no está preparada para aguantar una batalla económica como la que se está librando en Venezuela, cuyo petróleo sigue inundando incluso el mercado norteamericano a pesar de todo.
La agresividad de los restauradores ha roto una nueva línea roja estos primeros días del 2018 con la posición del grupo de Lima que ha pedido abiertamente la intervención militar de Estados Unidos en el conflicto nacional venezolano, una propuesta suicida que justifica la injerencia permanente y hecha por tierra los avances logrados en las última década sobre la integración latinoamericana.
En clave interna, el MAS sabe que está en el punto de mira de toda la orquesta internacional dispuesta a restaurar el “patio trasero” de Estados Unidos, esta vez bajo la mirada imperialista de Donald Trump, que disimula menos lo que realmente piensa, que es lo mismo que sus antecesores.
La deriva del Movimiento Al Socialismo, cada vez menos socialista y más dócil con los intereses transnacionales en Bolivia, le han restado credibilidad interna, pero los internacionalistas aseguran que eso no servirá a la hora de salir airosos del embate con los aliados del gran capital.
El empecinamiento en colocar a Evo Morales como candidato por encima de lo que dice la Constitución patrocinada por el mismo MAS da la excusa que estos necesitaban para intervenir abiertamente en Bolivia y el MAS empieza a darse cuenta de las posibles consecuencias, no solo porque las encuestas empiecen a dar muestras del agotamiento del modelo Evo, cada vez más desideologizado y más ególatra sino por las consecuencias a largo plazo.

Derribar mitos
“Evo es invencible” es, o era, la frase favorita de los estrategas del MAS para justificar sus decisiones y sobre todo, minimizar sus metidas de pata. Hasta las elecciones de octubre de 2014 esto era así. Los responsables de campaña se limitaban a pasear a Evo por todo el país, dar instrucciones más o menos precisas para esconder a tal o cual ministro e inventar algunos lemas que mezclado a algunas cifras que había que repetir y repetir daban magníficas mayorías absolutas.
Esto ya no pasó en las elecciones subnacionales de 2015, donde Evo volvió a pasear por todo el país entregando magníficas obras municipales pero acabó dándose el batacazo en sus feudos clave, como El Alto o La Paz y registrando importantes caídas en el voto duro altiplánico mientras sumaba algo en otras regiones. Ganar el Beni no eclipsó la debacle, solo le dio más oxígeno a Juan Ramón Quintana.
La pérdida de apoyo quedó derribada ya sin género de dudas en el referéndum del 21 de Febrero de 2016, donde el 51 por ciento de la población le pidió a Evo que respetara la Constitución y no postulara en una nueva oportunidad en 2019 y también, aunque con muy poco avance, en las elecciones judiciales de 2017, donde el 53 por ciento de la población también rechazó la elección de magistrados por voto popular.

Y sin Evo ¿quién?
El problema del oficialismo es su crónica falta de nuevos liderazgos que puedan surgir con solidez suficiente. El sector más próximo a la Vicepresidencia, con Álvaro García Linera a la cabeza, se ha encargado de ir laminando cualquier tipo de alternativa o verso suelto. Los suyos prácticamente controlan todos los resortes del poder, pero tan bien desempeñan su papel de subalternos que difícilmente podrían dar pasos adelante con credibilidad para el gran público.
En este grupo de los próximos a García Linera del que podría salir un relevo se cuenta, principalmente, él mismo. Álvaro García Linera ha expresado públicamente su deseo de no ser candidato a la Vicepresidencia para dejarse querer y efectivamente así ha pasado. Evo Morales, cada vez más lejos de todo, lo ha proclamado imprescindible en al menos tres ocasiones desde entonces, lo que además de perder el efecto sorpresa ha aplastado el debate de la sucesión que en algún momento pareció ponerse interesante.
Además de García Linera se cuentan como alumnos aventajados Gabriela Montaño, muy venida a menos precisamente por su falta de iniciativa propia y su idolatría desmedida; el ministro de Minería y actual coordinador gubernamental con Tarija que en su momento se encargó de la Agenda 2025 ganando así roce con los movimientos sociales; y muy poco más.
Entre el grupo de ministros o ex ministros con aspiraciones se encuentran tres especialmente colocados pero con demasiados enemigos cosechados. Uno es el actual ministro de Gobierno Carlos Romero. El otro es el ex ministro de Economía Luis Arce Catacora. El tercero es el siempre aspirante David Choquehuanca. Romero es un verso suelto dentro del Gobierno que se ha convertido en intocable tras haber sido vetado para ocupar la presidencia del Senado (lo que eventualmente lo hubiera hecho Presidente en ejercicio). Arce Catacora es el muñidor del supuesto “milagro económico” apartado por enfermedad justo en el momento en el que se empezaban a evidenciar las inconsistencias. De momento mide sus apariciones como un gurú que recuerda que existieron tiempos mejores. Choquehuanca es simplemente el enemigo de García Linera y una especie de réplica empeorada y solo aymara de Evo Morales, por lo que sus opciones son mínimas por más que se empeñen algunos medios.
En los movimientos sociales simplemente no queda nada, todo ha sido engullido por el aparato burocrático o convenientemente manchado con el escándalo del desfalco al Fondo Indígena, verdadera espada de Damocles para cualquiera que tenga aspiraciones de dar un paso al frente. Entre los Gobernadores electos y ex Gobernadores tampoco parece haber una figura capaz de arrastrar votos mayoritarios ni voluntades unitarias.
En otras órbitas del aparato estatal aparece un Edmundo Novillo, ex Gobernador de Cochabamba refugiado ahora en la unidad de Transparencia del Ministerio donde jugó un rol clave para voltear al presidente de la Estatal Petrolera Guillermo Achá, con ganas de volver y tal vez un Edgar Coca, gerente de Entel y que lleva sonando toda la legislatura para el Ministerio de la Presidencia.
Las opciones del MAS para el plan B son cortas pero los protagonistas siguen barajando nombres y perfiles que puedan eludir la presión internacional y un bloqueo económico que acabaría por derribar las opciones de cambio y perjudicarían enormemente lo poco avanzado. El plan C pasa por una legislatura opositora corta, vacía y bloqueada, pero el simple hecho de perder el poder por un solo día provoca sudores fríos entre los dirigentes.

La oposición, en su callejón

La reciente pugna Gobierno – sociedad civil por el Código Penal ha vuelto a dejar en evidencia por enésima vez que en Bolivia no existe la oposición como canalizadora del descontento ni como articuladora social, es decir, apenas existe como opción política necesaria para sostener una democracia señala un analista que prefiere no dar su nombre porque vive de ellos. Lo que sí existe es una fuerza centrípeta social capaz de articular voluntades sumando individualidades; sean los reclamos sectoriales contra el Código Penal, sean las múltiples causas de rechazo que llevaron al 54 por ciento de la población a votar nulo en las elecciones judiciales y el otro tanto que rechazó la repostulación de Evo Morales en el referéndum del 21 de febrero.
Al Gobierno le gustaría que el viejo esquema funcionara, es decir, aquel en el que los políticos señalan los asuntos de debate y el pueblo los siguiese. Un esquema vertical como el que el Gobierno utiliza ahora para comunicarse con sus bases. Sin embargo esto no está sucediendo así. Con mayor o menor habilidad, los personeros de la oposición están pudiendo subir y articularse en los estallidos ciudadanos, pero difícilmente los están dirigiendo, advierte.
La campaña electoral ha sido precipitada por el MAS sin tener muy claro el objetivo de ello. Para unos es agotar a la oposición y al ciudadano al obligar a sostener durante muchos meses la cantinela de la sentencia del TCP y la Constitución; para otros es simplemente la necesidad de entretener para tapar la no gestión en tiempos de crisis; para otros es una opción que pone en solfa a la oposición, que todavía no ha encontrado mecanismos de coordinación.
Lo cierto es que el tiempo corre y no parece haber base de acuerdo. Luis Revilla, el alcalde de La Paz, está dispuesto a correr en solitario ignorando, como suele pasar, las encuestas que le recuerdan su nula penetración en el oriente.
Del resto nada se sabe: Carlos Mesa se deja querer negando la mayor, como desde hace una década. Samuel Doria Medina se hace el cementero, el que quiere unir a unos y otros y eso que esta vez parece disimular más su ambición confesa de ser presidente. Rubén Costas sigue calculando el costo de traicionar sus palabras, como ya hizo, y volver a postular ahora que no existe la limitación de mandatos; la justificación ya se diseñará. Y Tuto, no será candidato salvo que sea necesario. Entonces si será candidato.
En las redes sociales ya se habla con fuerza: ¿En serio estas son las únicas opciones que tenemos?