Quinua: la creación, el auge y el declive de un “superalimento”

Escrito por  ALEJANDRO ZEGADA/EL PAÍS eN Feb 26, 2018

Tras el auge de los precios y la producción de la quinua en Bolivia en la década pasada, el año 2013 marcó un nuevo punto de inflexión en la economía de este producto, ya que a partir de ese año inicia un ciclo de declive sostenido hasta el presente.

En un trabajo para la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), México, el investigador Juan Pablo Neri Pereyra, considera que aquel interés por la quinua no contribuyó al fortalecimiento de economías campesinas ni al resguardo de conocimientos indígenas.
“Al contrario, conllevó a una gran transformación económica, con elementos tanto positivos como negativos; al rediseño de las relaciones sociales y de producción, a partir del ingreso en escena de nuevos actores; así como cambios en las condiciones de vida de las poblaciones del altiplano sur”.
Neri observa que algunos efectos positivos del auge de la quinua entre 2008 y 2013 son “una mejora en la calidad de vida de los productores, así como en la inversión productiva, a partir de un aumento lógico del poder adquisitivo”, mejoras que se dan, sin embargo, de manera diferenciada o desigual.
El nivel de beneficios obtenidos por los productores depende del tamaño de la producción de cada agricultor, de cómo realizan sus ventas (convencional u orgánica; de manera directa o a través de la asociación), y de si la incursión en la producción de quinua para exportación se da con un capital inicial.
“En términos generales”, afirma el investigador, “tiene lugar un aumento considerable del poder adquisitivo de los productores, que deriva en un aumento de gastos de bienes de consumo (autos, construcción o compra de casas); así como en algunos casos inversiones (compra de equipos, innovación técnica en el procesamiento del producto para la agregación de valor)”.
A decir de Neri, este es “un indicador importante” de la transformación económica que tiene lugar en el altiplano sur, pues antes de los años 80 era una de las regiones “más pobres y desfavorecidas” de Bolivia.

Lo negativo del auge
Sin embargo, esta mejora en la calidad de vida “debe ser leída también en el marco de los procesos diferenciados y desiguales de acaparamiento de terrenos que tuvieron lugar durante el auge de la quinua, así como el acceso desigual a capital para la inversión productiva”.
Para facilitar el análisis, los investigadores Enrique Ormachea y Nilton Ramírez, en un trabajo para el Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA) proponen dividir a los productores de quinua en tres grupos: pequeños productores (producción manual y/o semi-mecanizada y terrenos menores superiores a las 5 hectáreas); medianos productores (producción semimecanizada y terrenos superiores a las 10 ha); grandes productores (producción mecanizada y terrenos por encima de las 100 ha).
Además, para considerar la diferencia en el ingreso de estos tres grupos de productores, es necesario prestar atención a la variedad de quinua que más producen y comercializan: blanca, negra y roja, en orden ascendente por importancia de precio.
Ormachea y Ramírez encontraron que en 2008 el ingreso neto promedio de productores pequeños (ya sea que produzcan cualquiera de las tres variedades comercializadas) es era de 5.528 Bs., o en promedio 436,5 Bs./mes, muy por debajo de la canasta familiar básica (577 Bs.). En cambio, en el caso de los grandes productores, el ingreso neto promedio en 2008 fue 22.080 Bs. o sea 1.840 Bs./mes.
Los mismos autores dan cuenta que el año 2011, el ingreso anual neto promedio de los pequeños productores se incrementó a 81.773 Bs. o sea 6.814,15 Bs./mes; mientras que el de los grandes productores se incrementa a 1.574.550 Bs. o sea 122.879,17 Bs./mes.
Para Neri, la gran diferencia en el incremento de los ingresos de estos grupos de productores es evidencia de que “el boom de la quinua profundiza la desigualdad y la estratificación social entre los productores, conllevando a la aparición de productores con ingresos verdaderamente altos. Esto es, al tiempo que algunos se benefician de todas las políticas que he descrito, otros se vieron marginalizados”.
En este sentido, el incremento diferenciado de los ingresos por la producción y comercialización de quinua, sumado a la tecnificación de su producción, “les permite a algunos vecinos acumular mayor capital y, por lo tanto, invertir y ocupar el tiempo que no dedican a las actividades agrícolas, a otras como el comercio en centros urbanos intermedios y grandes, por ejemplo”.
Mientras tanto, los pequeños y medianos productores, que todavía llevan a cabo sus actividades productivas de forma manual, o semi-mecanizada, al tener que recurrir a formas como “al partir” o pagando jornales a tractoristas, se ven forzados a permanecer en el campo, o bien sus dinámicas de migración tienen que ver con estrategias determinadas por la necesidad de diversificar sus fuentes de ingreso
“Entonces, vemos que existe una diferenciación también en lo que respecta a la movilidad y cómo la misma es entendida y vivida por los habitantes del altiplano sur, de manera diferenciada, marcada por la desigualdad”, agrega el investigador.
Así, el incremento de los precios de la quinua favoreció a los productores del altiplano sur, pero sobre todo a los grandes, que lograron acaparar mayores extensiones de terreno, y/o a los vecinos residentes, que tenían otras actividades económicas antes de que iniciara el auge de la quinua.
“La profundización de estos procesos de diferenciación y estratificación, lógicamente, conllevaron al deterioro en las relaciones sociales y la emergencia de nuevos escenarios de conflictividad”.

“Super alimento”, un
fetiche
Desde los años 80, se fue construyendo la noción de la quinua como un súper alimento, cuyo consumo y producción debería ser promovido a escala global. Esta imagen fue promovida principalmente por organismos internacionales tales como la ONU y la FAO, y fue complementada por una serie larga de estudios sobre este cultivo.
A raíz de esto, la quinua no sólo comienza a ser más demandada en mercados como el europeo y el norteamericano, sino que también se empieza a cultivar en Europa, EEUU, Asia y África.
Según Neri, construir el imaginario de la quinua como súper alimento tuvo como objetivo “diferenciar” el producto –en el sentido de marketing-, para que deje de ser sólo una mercancía común.
En este sentido, se pasa a “ofertar un producto cuyo precio elevado tiene que ver con una serie de atributos, entre los que resaltan su origen cultural y una concepción idealizada de las relaciones de producción que lo hacen posible”, además de su alto valor nutritivo.
Precisamente, el investigador identifica 3 elementos que otorgan a la quinua el carácter de súper alimento.
Primero, su valor nutritivo, que destaca por sus altos contenidos proteínicos, vitamínicos y minerales, además de su bajo contenido en grasas y carbohidratos, sus cualidades antioxidantes, entre otras.
Segundo, su valor económico por su potencial productivo y comercial, que comprende dos aristas. La primera, la factibilidad de insertar el cultivo en países donde éste no es nativo; y la segunda, la posibilidad de mejorar las economías locales de los países productores (por ejemplo, Bolivia y Perú).
“Ambas aristas forman parte de la construcción discursiva de los súper alimentos, aunque en la práctica son características opuestas”: mientras se promociona el consumo de quinua originaria (boliviana y peruana) por los países desarrollados, también se promociona que se cultive la quinua en todas las latitudes, generándose una sobreproducción y una competencia global para los productores de los países de origen de la quinua, con la consiguiente caída de precios.
La tercera característica identificada por Neri es el valor sociocultural. “La quinua es un súper alimento, no sólo por su valor nutricional y su potencial productivo, sino y sobre todo porque se trata de un alimento ancestral, milenario y cuya producción respondería, hasta el presente, al saber invariado de los pueblos indígenas”.
De esta manera, las contradicciones entre los atributos de la quinua como súper alimento muestran que el cultivo ha sido “fetichizado”, en el sentido marxista del término, concluye el investigador.

Declive de la quinua
Tanto la creciente producción de quinua en países donde además se hallan los principales mercados, así como la producción a gran escala en países vecinos como Perú, fueron la causa de que los precios descendieran significativamente desde 2013 hasta el presente, y de la caída de Bolivia de su primer lugar como exportador de quinua, posición que gozaba hasta ese año justamente.
Este es uno de los principales efectos negativos que derivan de las políticas a escala global y local, en las que confluyeron diversos actores (ONG, universidades, embajadas, productores), para promover tanto el consumo, la comercialización y la incorporación de la quinua en el mundo.
Según la investigación de Neri, se dio un descenso de precios “estrepitoso” entre 2014 y 2016: de entre 2.000 y 2.300 Bs./quintal (qq) aproximadamente, a entre 300 y 350 Bs./qq en el precio de quinua convencional, y a entre 550 y 700 Bs./qq para la quinua orgánica.
El mismo autor señala que la mayoría de los productores con los que habló culpaban de este descenso al “Año Internacional de la Quinua” y al gobierno boliviano, por haber llevado a cabo esta política sin complementarla con acciones concretas de fomento a la producción local y la comercialización.
El Año Internacional de la Quinua es una política de visibilización del cultivo a nivel internacional que fue lanzada por la ONU y la FAO, junto con el gobierno boliviano, en 2013, para exhibir las propiedades de la quinua, no sólo para el consumo sino también para la producción.
Esto tiene que ver directamente con toda la construcción de la noción de súper alimento en torno a la quinua. “Es una coincidencia bastante reveladora que el año 2013 fuera proclamado el año internacional de la quinua, y fuera también un momento cúspide del ciclo de auge, y el inicio del declive”.
Por un lado, “porque el contenido de la política da cuenta del proceso contradictorio que describo anteriormente, por medio del cual una estrategia de aparente diferenciación, da lugar a una expansión global del cultivo, dando lugar a un proceso a gran escala de fetichización de la mercancía”, afirma Neri.
Por otra parte, porque “da cuenta de la contradicción del discurso multicultural que sirve de fundamento para esta política de visibilización que deriva en un incremento de la competencia y en la crisis que viven actualmente los productores del altiplano sur”.