Análisis: El Pacto Fiscal es ahora

Escrito por  Sep 24, 2014

“A Tarija no le interesa hablar de Pacto Fiscal” dicen que dijo el vicepresidente Álvaro García Linera, “Vamos a ir por lana y vamos a salir trasquilaos” dicen que dijo el secretario ejecutivo de la Gobernación de Tarija, Roberto Ruíz. La cuestión es más o menos la de siempre, no decir nunca nada que te pueda comprometer en el futuro, y menos si estás en plena campaña electoral.

¿Qué mejor momento se le ocurre al oficialismo o a la oposición para hablar del Pacto Fiscal? Estamos en campaña y más allá de un rostro bonito o de una nacionalización (que ya lleva nueve años en vigencia), nos interesa saber que va a pasar después. Para eso votamos, no por el pasado. Eso como primera consideración.

La segunda, a estas alturas del mundo globalizado, decir de qué se puede y de qué no se puede hablar es como mínimo pretencioso. La gente pregunta y usted no responde. Hablar del miedo como argumento es, como mínimo, un mal argumento. ¿Acaso no se puede hablar en este país?

La tercera, llevamos ya también nueve años de “descolonización y despatriarcalización”, mentada hasta el infinito, y es curioso que los que más han usado el concepto han sido incapaces de entender el peor bautizado de todos: “Regalías”. Si algo no son las regalías son regalos. Quizá desde lejos no se entienda muy bien, pero no hay más que ver Bermejo, el primer pozo petrolero del país hoy es símbolo de la desidia, del brillo que no volverá, una ciudad que vive al reflejo de lo que pasa en Argentina y sus tipos de cambio enlodado en corrupción y basura. Las regalías son cualquier cosa menos regalos y en tantos años, Tarija sigue viviendo de ellas sin haber generado una alternativa real. Las regalías no son regalos, porque el día que el gas se agote, Tarija quedará llena de agujeros y recuerdos de otra época, quizá suicidado como el rico venido a menos que no supo adaptarse.

La cuarta va por lo mismo, las regalías se han constitucionalizado, como la autonomía, pero no hay autonomía sin recursos. El Estado transfiere de sus recursos para que las autonomías se desarrollen y asuman sus competencias ¿O acaso se plantea que se desvíen fondos irregularmente de las regalías a otros fines?

No hay nada más incierto que vivir de un sector regulado por el nivel central, con un claro déficit de información (ejemplo reservas), que impide afrontar proyectos a largo plazo.

Hay que sentarse a hablar de ello, y sería bueno que en vez de hablar de macanas durante la campaña o inaugurar grandes obras (que olé), se hable del futuro a corto plazo, para que la gente elija en libertad y luego no se lleve las manos a la cabeza. Aquí no interesa ganar o perder, sino participar.

Miguel V. de Torres/La Mano del Moto