El póker, Jerjes y los precios que no se tocan

Escrito por  Sep 30, 2014

Ya lo veníamos sospechando, pero no hay como un embajador para convertir la demagogia en arma nuclear, sobre todo si es a todo color en un medio extranjero con unas declaraciones de esas que dejan al Gobierno de turno con cara de no saber si fueron estafados o si realmente se marcaron el tanto sin esperarlo.

Por lo general, los embajadores son unos figurettis que adoran la publicidad y los focos de televisión pero sobre todo, aman el papel couché de las revistas de moda y las que narran el tiempo libre (ocio, dicen) de la jet set, pero a veces, para lograr ello, deben pasar por las revistas de información general, incluso especializada.

También por lo general son gente fuera de serie, un cuerpo aparte, pero de todo hay. No hablamos de Jessica Jordan, no, que de momento sólo es Cónsul en Nueva York. Hablamos del mediático Jerjes Justiniano quien tras una vida al servicio de la política (aún con un currículum profesional extensísimo) recaló en la embajada boliviana en Brasil, la estratégica y comercialmente, seguramente, más importante de todas en el tiempo más importante de todos.

Un contrato de fondo

El telón de fondo es el contrato de exportación de gas, que, no cabe duda, al establishment paulista le conviene renovar a toda costa, pues el megaproyecto del Presal es un sueño a largo plazo, complejo técnicamente (exploración en aguas profundas) y con cierto riesgo.

El diario Valor Económico es parte del grupo Folha, es la voz del establishment brasilero asentado en Sao Paolo, del poder industrial y sobre todo, el más importante escenario en el que se señalan los temas de importancia nacional, como la “necesaria rebaja del precio del gas que se compra a Bolivia” y que ya se “debe comenzar a negociar otro” (edición del 23 de septiembre).

En la doctrina brasilera, un punto destaca por encima del resto: Hay que conseguir rebajar los precios del gas boliviano y toda la maquinaria del Estado – Imperio opera en el mismo sentido. Brasil consume, con sus termoeléctricas a pleno rendimiento, 90 millones de metros cúbicos de gas al día, 40 son propios, 30 los envía Bolivia y 20 compra en el mercado internacional de Gas Natural Licuado (GNL) cuyos precios bordean los 20 dólares el millón de BTU.

Bolivia vende por debajo de 10 dólares, pero ya dentro y fuera de nuestras fronteras hay quien reclama un trato “más sensible” con nuestro vecino del este. El presidente de Gas Energy, Marco Tavares, advirtió ya hace un año que los precios no son viables en Sao Paolo y consideró que en un nuevo contrato Brasil debe pagar  7 o  7,5 dólares por el millón de BTU de gas boliviano, para que los industriales paguen como máximo  unos 10 dólares. Otro punto, es que la distribuidora (en referencia a Petrobras no puede seguir cobrando 4 dólares (en referencia a impuestos y regalías) eso también se debe ajustar”.

En una comparación, señaló que las industrias brasilera pagan “14 dólares el millón de BTU y 120 dólares el megavatio de electricidad, cuando los empresarios en EEUU pagan 3 y 50 dólares respectivamente”.

¿Y la doctrina boliviana?

Jerjes Justiniano es el único soldado que lucha en campo contrario, y aunque hasta la fecha no ha recibido instrucciones precisas del Gobierno, que decidió postergar las negociaciones (sin convocar una evaluación multisectorial del desempeño del contrato), Justiniano ha decidido pasar a la ofensiva por su cuenta.

Aunque parezca mentira, nuestra arma principal son las pocas reservas certificadas. 10,45 Trillones de Pies Cúbicos, de los que se consume del orden de 0,6 o 0,7 anualmente, es una cantidad insuficiente para garantizar un contrato de larga duración sin perjudicar los proyectos de industrialización interna.

Brasil empuja y provoca, Jerjes contiene y juega. Valor da por hecha la renovación pero cuestiona las reservas para abastecer un nuevo contrato. Jerjes se pregunta por la especulación en los años previos a la nacionalización “¿Desapareció el gas? ¿O fue una maniobra  de las multinacionales? Sabemos que hay gas. Pero no tenemos la información, porque esa información que tenían las empresas privadas que fueron nacionalizadas se la llevaron. El gas desapareció porque no tenemos la información”.

El establishment pone a Petrobras en el centro de la polémica y Jerjes responde acusando “Claro que sabe. ¿Cómo no va a saber? Varios exejecutivos de YPFB trabajan hoy en Petrobras; antes,  YPFB era una empresa de éxito que tenía los mejores técnicos en  hidrocarburos. ¿Qué hicieron esos técnicos? Fueron a las empresas privadas. Y la que captó más técnicos  fue obviamente Petrobras, porque tiene más intereses, más exploración”.

Jerjes no tiene línea y habla de todo y de nada y abre la puerta a la modificación de los precios en la línea del contrato interrumpible en agosto para Cuiabá. Un precedente negro, tan negro como los ataques que desde este lado de la frontera reciben aquellos que preguntan o cuestionan la utilidad de renovar urgentemente el contrato, sin evaluación previa.

Página Siete preguntó a Hugo del Granado, cuyas respuestas eran de esperar “Si el embajador Jerjes Justiniano tuviera el cuidado de informarse en internet, se evitaría declaraciones tan impertinentes y riesgosas, más aún con Brasil, país con el que las relaciones diplomáticas se encuentran en un nivel bajo y peor con Petrobras, que ha sido blanco de varios desaires a lo largo del Gobierno de Evo Morales. Este tipo de declaraciones son lamentables y se deben al bajo nivel de formación de nuestros diplomáticos”.

Cuestiones quizá del nuevo imperio latinoamericano, o del de siempre tomando en cuenta que la mayoría de los accionistas de Petrobrás cobran dividendos en Nueva York. Ninguno de los candidatos principales se ha cuestionado siquiera la posibilidad de no renovar el contrato. Ninguno.

 Jesús Cantín/La Mano del Moto