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Jamil Leonardo revela a los clásicos a través del piano

Escrito por  ROBERTO PATIÑO / EL PAÍS EN Nov 19, 2014

Delgado y alto para sus 13 años, un sobrio chaleco negro cubre la camisa blanca anudada por una corbata oscura, sus ojos vivaces observan la partitura de tanto en tanto, mientras que los ágiles dedos acarician las teclas del piano para regalar al público una variedad de temas clásicos en el Salón Auditorio de la Casa de la Cultura. Así Jamil Leonardo Mendoza rindió una presentación que le valió superar un nivel más en su recorrido por el camino de la música.

Inició su presentación con el Minué en Re menor de Johann Sebastian Bach, tema al que le dio de manera limpia su carácter tradicional de danza barroca y conservando ese aire galante que tiene la composición.
De manera seguida, la “Tarantella” de John Thompson se hizo presente con su carácter napolitano, con un movimiento muy vivo en la interpretación de Jamil. De la misma manera, siguiendo el ritmo de las ejecuciones le tocó el turno a la corta “Canción napolitana” de Tchaikovsky.
“Hace muchos años empecé con la música…” contó a El País eN el joven intérprete como si seis años fueran toda una vida, y es así como siente el piano porque afirma de manera contundente que le gusta la música y hacer música.
Fue su papá quien le inscribió en el Instituto de Música cuando tenía unos seis años y desde entonces su pasión por este arte se fue incrementando aunque admite que siempre hay algunas complicaciones en el aprendizaje, por ejemplo en el movimiento y coordinación de las manos y lo matices.
Posteriormente, la interpretación de “Norita” de Nilo Soruco, llenó de un aire chapaco el Auditorio de la Casa de la Cultura, con una ejecución sólida y correcta que hizo aplaudir al público asistente, en su generalidad compuesto por niños y padres de familia.
Luego del clásico minueto en Do de Beethoven, Jamil ejecutó “Dos Guitarras”, notable tema del folklore gitano que transportó a los asistentes a las estepas rusas. De manera seguida ejecutó “Matrimonio de amor” de Seneville, compositor preferido de Richard Clayderman y culminó su presentación con la Sonatina Op.  55, tema elemental y corto de Kuhlau.