Un pasito hacia la soberanía tecnológica

Ago 19, 2017

Hace unos días se conoció que con la promulgación del Decreto Supremo 3251, las instituciones públicas del Estado deben encarar un proceso de transición gradual para utilizar exclusivamente software libre y estándares abiertos, dejando de lado software de tipo privativo, como Windows, MacOS u otros.

La norma establece además la implementación del denominado Gobierno Electrónico, que obliga a las instituciones públicas a mejorar la atención a la ciudadanía trasladando los trámites al internet (en su página web), buscando eliminar la burocracia, y a facilitar acceso a portales gubernamentales, educativos y otros que aporten al desarrollo del conocimiento.
Aunque es un paso pequeño, a todas luces es un paso la dirección correcta. Otros países ya usan software libre de manera oficial en sus instituciones públicas, como Ecuador, Brasil y Alemania, entre otros.
Además, como explicó el ciberactivista Mario Durán Chuquimia a El Deber, el decreto puede ayudar a promover el desarrollo tecnológico de Bolivia, la generación de empleos, la utilización e innovación en software libre, la innovación en sistemas de información y la soberanía tecnológica.
Para Durán, la norma apunta también hacia la seguridad informática, algo importante considerando los miles de documentos filtrados que develan herramientas de espionaje utilizadas rutinariamente por parte de la CIA a través de los sistemas operativos privativos.
La promulgación de este decreto además puede ser el punto de partida para comenzar, finalmente, a promover una educación verdaderamente liberadora, un “anti-capitalismo cognoscitivo”.
Algo así se está logrando en Guatemala, pero desde la sociedad civil, con el Instituto Privado en Educación Básica Ciudad Quetzal, impulsado por la Asociación Estudios y Proyectos de Esfuerzo Popular (EPRODEP), organización que tiene poco más de 20 años de trabajo educativo a nivel comunitario.
La noción de “capitalismo cognitivo” se utiliza para denunciar cómo el software privativo mercantiliza el conocimiento a la vez que opera en espacios de creación del mismo para aplicar patentes y restricciones.
En EPRODEP comenzaron a usar software libre (Linux Mint en su caso) por la necesidad de superar los problemas asociados a Windows: actualizaciones no solicitadas, obsolescencia programada y sobre todo la persistencia de virus en computadoras y USB que hacían recurrente tener que dedicar mucho tiempo a soluciones técnicas y no a procesos educativos.
Los estudiantes se adaptaron y se adaptan sin problemas al entorno digital, se logra producir contenido educativo, e incluso estudiantes que ya no están vinculados al Instituto siguen utilizando este tipo de software y continúan preguntando, experimentando y desarrollando.
Richard Stallman, uno de los pioneros en el desarrollo de los sistemas operativos libres, resalta que enseñar el uso de un programa que no es libre equivale a inculcar la dependencia. En las escuelas, el software libre permite a los alumnos aprender cómo funciona el software.
Avanzar con esto en las instituciones públicas es un buen paso en contra de la dependencia. Pero el fuerte tiene que darse en las escuelas. Tal como indica Stallman, algunos alumnos son programadores natos y buscan aprender todo sobre los ordenadores y el software.
Y son ellos quienes pueden liberarse a sí mismos, a su sociedad, a su país, a su mundo, de la dependencia cognitiva actual. A programar se ha dicho.

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