Déficits buenos y malos

Escrito por  Por: Omar Yujra Santos Feb 16, 2018

En el 2012 el profesor Skidelsky de la Universidad de Warwick publicaba un artículo en Project Syndicate titulado: “Déficits buenos y malos”, en el cual realizaba un análisis del resultado fiscal de Estados Unidos y Reino Unido, en base al libro “The American Gridlock” denominado también el Estancamiento Americano.

En el señala: “…la distinción entre el gasto de capital y el gasto corriente (y, por tanto, entre déficits ‘buenos’ y ‘malos’), no es nada nuevo para cualquier estudioso de la Hacienda Pública, pero se olvidan los conocimientos a un ritmo tan alarmante, que vale la pena volver a exponerla”, en particular para aquellos alquimistas del pasado boliviano.
Critica a la ortodoxia fiscal indicando: “…no debemos atribuir el entusiasmo actual por la disciplina fiscal a semejantes contingencias. Fundamentalmente, se debe a la creencia de que todo gasto estatal por encima de un mínimo necesario es despilfarrador. Europa tiene sus propios chalados del Tea Party, que aborrecen el Estado del bienestar y quieren abolirlo o recortarlo radicalmente y que están convencidos de que todo el gasto de capital patrocinado por el Estado es una “pérdida de tiempo”: tantas carreteras, puentes y líneas férreas que no van a parte alguna y absorben ‘su’ dinero…”. “…Quienes creen eso no se inmutan ante la corrupción y el despilfarro que caracteriza gran parte del gasto del sector privado y prefieren el despilfarro ‘total’ de mantener a millones de personas sin hacer nada (Brock calcula que el 16 por ciento de la fuerza de trabajo americana está desempleada, subempleada o demasiado desalentada para buscar trabajo)”.
En el caso de América Latina según datos del BID y FMI en los últimos años presentó una disminución de ingresos y por tanto un déficit fiscal mayor al 4% del PIB, frente a esto creció el endeudamiento de los países, llegando en promedio al 50% del PIB. Como la mayoría sigue políticas ortodoxas, en los últimos dos años 15 países ajustaron sus presupuestos, incluyendo inversión en alrededor del 2% del PIB e incrementaron los impuestos a la población en casi la mitad de lo que representaron los recortes, aspectos que también influyeron en la inflación y la tasa de desempleo.
En el caso boliviano luego de 49 años de tener déficit fiscal consecutivo, recién en el 2006 el país consigue un superávit fiscal el cual se mantiene durante 8 gestiones (2006 - 2013), algo que en la historia del país no se había visto. Sólo a partir de 2014 se evidencia un déficit fiscal ¿a qué se debe esto?
El Plan Nacional de Desarrollo y posteriormente el Plan de Desarrollo Económico y Social, plantean objetivos ambiciosos en cuanto a inversión pública se refiere por los megaproyectos en curso y por realizar. En efecto, entre 2016 y 2020 se pretende invertir la suma de USD48.574 millones los cuales están destinados a la construcción de carreteras, aeropuertos, plantas hidroeléctricas, termoeléctricas, hospitales, así como proyectos para la industrialización de nuestras materias primas, entre muchos otros.
Si revisamos ingresos y gastos, corrientes y de capital como corresponde, se puede advertir que en el balance corriente existe un superávit que representa el 13% del PIB entre 2006 y 2016. En el caso del balance en capital existe un déficit, explicado principalmente por la fuerte inversión pública que se está realizando.
Por tanto, según el esquema de Skidelsky el déficit registrado en el país en los últimos años es bueno, por las inversiones realizadas y que fortalecen a su vez el crecimiento; muy diferente a los registrados durante 49 años consecutivos, los cuales no trajeron nada bueno para el país.