¿Cuánto tenemos que dejar atrás para seguir adelante?

Escrito por  Arnold Hagens* Feb 25, 2018

El hombre es un ser conservador. A la mayoría no les gusta el cambio, y cuando se nos insiste en hacerlo, resistimos y protestamos de muchas maneras. No es extraño, ya que muchas personas trabajaron duro para alcanzar cierto estado y no están dispuestas a aceptar la incertidumbre y los riesgos que implican un cambio. Pero pensando así, ¿no estamos desperdiciando oportunidades?

A la economía no le importa. Si algo se necesita cambiar, eventualmente lo hará. El problema es que deja heridos. Por ejemplo, una nueva tecnología que reduzca el costo de producción será excelente para los primeros que la adapten, pero los últimos probablemente terminen cerrando sus negocios. ¿Triste por ellos? Sí. ¿Injusto? No lo creo, porque da al consumidor la oportunidad de acceder a productos y alimentos a un precio menor. Un gobierno que obliga a mantener “la forma antigua” perjudicaría a los consumidores.
China se hizo cargo de gran parte de la producción industrial de los países desarrollados y ahora también está quitando la producción de otros países, como Bolivia. China se ha convertido en la fábrica mundial para todo. Mucha gente ahora está preocupada, ¿qué vamos a hacer en Bolivia? Las fábricas se están cerrando y los empleos están desapareciendo. Sin embargo, considerando que los países desarrollados tienen solo alrededor del 20% (y disminuyendo) su economía que depende de la industria tradicional, no hay necesidad de preocuparse. Solo necesitamos cambiar
Por ejemplo, si uno compra un par de zapatos en el mercado, menos del 10% a 20% de su precio es producción real, el resto del precio son servicios como transporte, mayorista, compras, impuestos, etc. Tal vez sea difícil de imaginar, pero el 80% del valor agregado y la participación en el PIB no tiene nada que ver con una fábrica.
Si ves datos de Banco Mundial, la agricultura irá al 5% del PIB (imagine que la agricultura de EE. UU. Está en el 1.2% del PIB). La industria llegará al 20% y dejará un 75% para los servicios que agregan valor a los productos.
Esta es una gran oportunidad para Bolivia, si solo las personas se preparan y aceptan el cambio. La banca, las ciencias de la computación, mercadeo, ventas, seguros, entretenimiento, educación, salud, investigación, recreación. ¡La nueva economía no se trata de bienes, se trata de servicio! ¡Solo debemos dejar atrás las cosas viejas y la vieja forma de pensar y educarnos!

*Arnold Hagens, Magister en negocios internacionales