Andrés Soliz Rada y Julio de Vido Andrés Soliz Rada y Julio de Vido La Nación

El legado de Andrés, más allá de la nacionalización

Escrito por  El País Sep 09, 2016

Recuperar los hidrocarburos era un instrumento para la industrialización. Durante su corta estancia en el Ministerio se negoció con Brasil y Argentina para posibilitar la construcción de dos plantas separadoras

Es cierto que la soberanía sobre los recursos naturales, particularmente sobre los hidrocarburos, fue uno de los ejes centrales de la obra de Andrés Soliz Rada. Su elección como ministro de Hidrocarburos en 2006 atraía a la génesis del Gobierno de Evo Morales sus postulados y a nadie tomó por sorpresa, salvo por la velocidad, que el 1 de mayo de ese mismo año se promulgara el decreto de nacionalización 28701.

A diez años de la nacionalización, este 2016, cuando su papel quedaba eclipsado por otros fastos gubernamentales, El País conversó con él al respecto, y reiteró su visión instrumental de la nacionalización para un concepto mucho más amplio. “La nacionalización de 2006 es la medida más importante de lo ocurrido en Bolivia desde la desnacionalización de los hidrocarburos determinada por Banzer en 1972 y, desde luego, la decisión histórica fundamental del Gobierno de Evo. Con la nacionalización el país recuperó su dignidad y autoestima, y sin dignidad y autoestima es imposible la construcción y fortalecimiento de la conciencia nacional” señaló.

Industrialización

Sin embargo, Andrés Soliz Rada, que apenas duró ocho meses en el Gobierno, puso otras bases que todavía hoy siguen siendo fundamentales en la política de Evo Morales, si bien el calendario se ha visto adulterado hasta el extremo, poniendo en riesgo por la declinación de los mercados, la propia culminación exitosa.

Para Soliz, la nacionalización era el primer paso y la industrialización el camino. De nada servía recuperar para seguir exportando a manos llenas. En 2005 se hablaba de más de 20 trillones de pies cúbicos de gas probados y más de 50 probables. Años después se demostró la burbuja y la exploración se volvió emergente mientras los recursos, que se multiplicaban, eran invertidos sin una hoja de ruta clara.

Soliz Rada se fijó como objetivo inmediato la construcción de las plantas separadoras de líquidos, base para cualquier iniciativa de petroquímica, sea fertilizantes, como la de úrea y amoníaco que se construye en Río Grande o de polipropileno, que se ha licitado en el Chaco o la de polietileno, actualmente sin fecha. Estas decisiones vinieron después, pero a Soliz si le tocó abordar las negociaciones tanto con Brasil como con Argentina para culminar estos proyectos.

Con Brasil se logró una adenda que, tras larga negociación, permitía a Bolivia utilizar una sexta parte de los licuables que hasta el momento se exportaban gratuitamente al país vecino. Con ello se puso en marcha la Planta de Río Grande, con capacidad para procesar 6 millones de metros cúbicos al día. Brasil además se comprometió a pagar entre 100 y 150 millones de dólares al año por esos licuables hasta que la planta fuera construida. La gestión de la licitación por YPFB complicó el asunto. Tras muchos retrasos, en 2014 se inauguró la planta y Brasil pagó casi 500 millones de dólares.

Con Argentina el asunto fue aún más complicado, ya que se acordó reanudar la exportación de gas a partir de 2007 y se fijó un precio sustantivamente mayor al que pagaba Brasil. Además, se proyectó construir la planta separadora del Gran Chaco, con capacidad de hasta 30 millones de metros cúbicos, de unos 450 millones de dólares que Argentina debía financiar. Hasta que no estuviera la planta no se elevaría el volumen exportado, que inicialmente no superaba los 5 millones de metros cúbicos. Tras la salida de Soliz Rada, la planta fue finalmente financiada por el Banco Central, costó más de 650 millones de dólares y no se inauguró hasta 2015. Todavía no funciona a pleno rendimiento, aunque si se fueron elevando los volúmenes exportados.

Institucionalizar YPFB, el reto pendiente

Para Soliz Rada, el otro tema clave de la nacionalización fue el fortalecimiento de YPFB, sin embargo, en sus últimos escritos recordó que la transparencia y la institucionalización son clave para que funcione correctamente.

“Recordemos que la Ley de Hidrocarburos del 17 de mayo de 2005 siguió considerando al ente estatal como empresa residual, ya que pese a determinar la tributación del 50 – 50, no se desembolsaba ni un solo centavo a Yacimientos. Y para agravar las cosas, la atomizaba en gerencias diseminadas por toda Bolivia. Con ese panorama, el desarrollo del potencial energético con soberanía nacional era imposible. Los resultados de la nacionalización demuestran el inmenso acierto de la medida”.