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Hijas e hijos de nuestra historia

Escrito por  SILVIA GUZMÁN ROJAS* Ene 25, 2018

La vida del ser humano está hecha de decisiones. Cada decisión tiene su carga, a veces positiva y muchas veces negativa, pues no son tomadas con la seriedad necesaria. Feliz o lastimosamente, esto sucede en todos los ámbitos de nuestra vida, desde las decisiones cotidianas o vanas hasta aquellas grandes que afectan de sobremanera no sólo mi entorno, sino también a un sinfín de personas. A veces decidimos al azar, sin medir el alcance de nuestros actos. Tan importante es una decisión que también tiene la capacidad de dejar un precedente, un modelo de hacer las cosas. Hace nuestra historia.

Por tal razón somos responsables de todo lo que sucede y sucederá mientras estemos vivos. Pues lo que digamos y hagamos es parte de la construcción de la humanidad. Sería lindo que sólo sea de nuestra vida, así nuestras taras y mezquindades se van con nosotros. Pero sabemos que no es así, nuestros hijos o personas más cercanas cargan y reproducen nuestros traumas, miedos, egoísmos y nuestro modo de vivir y relacionarnos con lo que nos rodea, que por la situación que vivimos podemos decir que no es sana, no es armónica, no es respetuosa y mucho menos amable.
Si bien la construcción de nuestro país ha sido muy dolorosa y llena de mentiras y abusos por todo lado, está en nuestras manos romper estos esquemas y modelos de gobernanza y de sociedad. A estas alturas y en este siglo leer expresiones de racismo (camuflado o cínico) debería ser impensable. Son un retroceso en nuestra humanidad. El hecho de expresarlas sin más y hasta con cierto gozo de lo dicho, es una muestra clara de lo vacío que uno puede estar y, por supuesto, no se pensó ni un segundo en las implicancias.
Digo que está en nuestras manos porque si bien no estoy en un trabajo donde mis decisiones afecten directamente a una sociedad entera o a una institución, vivo pues con un grupo de personas y con ellas hago sociedad. Si mi wawa o sobrino trata mal a alguien le corregiré al instante y le explicaré también que a ella nadie la puede tratar así. Si le di un dulce para que no moleste le mostraré que guardamos la basurita en nuestro bolsillo para botarla después. Le demostraré que un “sí” o un “no” tienen que ser respetados, por eso no puedo decirlo sin más, pues tiene que confiar en mi palabra y yo cumplirla. Los ejemplos pueden ser muchos. El punto es que yo soy responsable de esa personita que trata mal o bien a los demás, con qué dejo se expresa, qué sueños tiene y si tiene un norte o vive la vida sin más.
A veces tocará no sólo romper esquemas externos sino también esquemas familiares, íntimos, pues esos modos de relacionarnos no son sanos y coherentes con lo que queremos ser y hacer de nuestra vida. Tocará crear modelos de trabajo, tocará vencernos aunque sea más cómodo seguir haciendo lo que ya se hacía. Precisamente ahí está la grandeza del ser humano, de ser lo que quiera y querer lo que decida, de construir su historia y de escribirla de otro modo, en lo posible, más humana.

*La autora es filósofa