Con engaños, la amenaza de los transgénicos se cierne sobre Bolivia

Escrito por  Feb 10, 2018

El lobby de los agroindustriales ha entrado con todo, y está teniendo resultado sobre el gobierno de Evo Morales. En diciembre, el presidente solicitó a los empresarios de Santa Cruz presentar una propuesta para el uso de Organismos Genéticamente Modificados (transgénicos) en soya, maíz, algodón y caña de azúcar.

Ello después de años y meses de una agresiva campaña de desinformación de parte de la agroindustria y de sus promotores transnacionales, en la que se afirma que los transgénicos no sólo no son dañinos para la salud humana, sino que son urgentes y necesarios en el mundo porque el reto es mayor producción agrícola en menor tierra. Sin embargo, los datos no lo corroboran.
Miguel Ángel Crespo, director de Probioma (Productividad Biósfera Medio Ambiente) explica que los transgénicos fueron diseñados para tolerar herbicidas y para que las empresas dueñas de las patentes produzcan y vendan su propio insecticida, no para tener mayor rendimiento.
“Mejores rendimientos se obtienen trabajando con el germoplasma, que significa mejorar variedades para llegar a su máximo potencial”, afirma Crespo, aclarando que “eso no lo hace la tecnología de los transgénicos”.
De hecho, en Bolivia existe mucha experiencia desde hace varias décadas en el mejoramiento de semillas de soya, maíz, frejol, papa, trigo y otros. Pero esta experiencia “tiende a perderse porque lo transgénico viene patentado por las corporaciones”.
Los defensores de los transgénicos afirman también que éstos permiten usar el agua, el suelo y los nutrientes con mayor eficiencia.
Crespo los refuta: “En los últimos años la ampliación de la frontera agrícola se ha dado por la baja de la fertilidad de los suelos, producto de las aplicaciones de los herbicidas asociados a los transgénicos que han generado la resistencia de malezas de las que tenemos ocho en Bolivia”.
Ello obligó a la aplicación de otros herbicidas de complemento (Saflufenacil y Diclosulam), y otro producto para desecar yerbas con el Paraquat -que está prohibido en muchos países, porque ha llevado a la eliminación de la microfauna que aporta a la dinámica que promueve la fertilidad y los nutrientes de los suelos.
Es más, “la aplicación de estos y otros herbicidas ha llevado a que se afecte con enfermedades de suelo a otros cultivos que no son el objetivo, como es el caso del girasol que es afectado permanentemente por la Esclerotinia”.
En cuanto a sus efectos sobre la salud, si bien la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que los transgénicos en sí mismos tienen poca probabilidad de causar daños, la cantidad de agrotóxicos que vienen asociados como paquete con las semillas transgénicas, y que estos productos concentran, sí causan daños comprobados, y no sólo a las personas, sino también a la tierra y al agua.
Tal es el caso del Glifosato, un herbicida que la propia OMS clasifica en la categoría 2A de toxicidad cancerígena, y que es asociado a problemas de insuficiencia renal, autismo y cáncer que se incrementaron en el país y en el departamento de Santa Cruz.
Según datos del INE, el 63% de las comunidades cruceñas afirman que sus aguas están contaminadas con agrotóxicos. A escala nacional esta contaminación llega al 40%.
También la afirmación de que oponerse a los transgénicos es oponerse a la biotecnología y por lo tanto al desarrollo tecnológico, es engañosa. La biotecnología existe desde hace más de 3.000 años. Y Crespo explica que la producción de yogur, la deshidratación de alimentos, el control biológico, el mejoramiento genético de plantas y animales, es biotecnología.
“En este contexto, la transgénesis es una parte de la ingeniería genética y esta forma parte de la biotecnología. Eso no mencionan quienes promueven los transgénicos y eso denota que existen intereses económicos que desinforman a la opinión pública”.
Los poderosos están ganando la batalla, y el gobierno del pueblo parece haberse pasado a su bando. Hasta la posibilidad de un debate nacional está en duda. Pero resignarse no es opción.