Los espejos de Marta

Escrito por  Mar 07, 2018

Dos días después de la ruptura definitiva con su novio, tras un prolongadísimo romance platónico, de más de doce años, Marta se miró en el espejo y sólo vio su propia belleza rodeada de un entorno difuso, casi inexistente. El dolor no se reflejaba. Sus cabellos lacios, oscuros, caían con elegancia.

Giró su cabeza en busca de algo, sin saber qué, pues había imaginado que una sombra fría se acercaba para abrazarla. No había nadie, nada se movía, sólo silencio y la luz encendida del baño. El calor aumentaba y una ligera sudoración apareció sobre su rostro tan suave, tan rosado y ella se refrescó con el agua que fluía sin cesar. Repitió la mirada y se renovó la visión de un medio cuerpo. Se notó hermosa, bien proporcionada, con buen porte, pechos armoniosos, cuello distinguido, boca equilibrada y sabrosa.
Cerró la puerta y apagó la luz antes de caer, sin fuerzas, sobre la cama en donde, unos minutos antes, había llorado.
Hacía veintisiete años que respiraba, que vivía y ya dos días que le costaba ser. La confusión, tras el adiós de su amor, no la abandonaba. Todo se negaba a existir, nada le interesaba.
Un día, ya casi agonizante, pero bonita como siempre, balbuceó sin energía: “Hernán”. Su amiga reciente le preguntó quién era y con esfuerzo escuchó: “mi amor”.
La vecina lo buscó por cielo y tierra y un día llegó él. Se miraron. Él la abrazó y ella, sin fuerzas, apenas sonrió al ver que en uno de los espejos se reflejaba su corazón vacío. También notó que su delicado rostro, se afeaba, que sus cabellos se ensortijaban y que en sus ojos amanecía la muerte.